Bruxismo: una condición cada vez más frecuente y con importantes repercusiones en la salud bucal

El bruxismo es una actividad involuntaria de los músculos de la masticación que se manifiesta mediante el apretamiento o rechinamiento de los dientes. Puede ocurrir durante el sueño (bruxismo nocturno) o mientras la persona está despierta (bruxismo diurno). Actualmente se considera una condición multifactorial, es decir, no tiene una única causa, sino que está relacionada con factores neurológicos, emocionales, musculares y conductuales que generan una hiperactividad de los músculos masticatorios.

La Dra. Justa Gorayeb explica que entre los factores más frecuentemente asociados al bruxismo se encuentran el estrés, la ansiedad, la tensión emocional, los trastornos del sueño, algunos medicamentos, el consumo excesivo de cafeína, alcohol o tabaco, así como ciertos factores genéticos y neurológicos. Si bien antiguamente se atribuía principalmente a problemas de mordida, hoy se sabe que una mala oclusión también puede desencadenar esta condición.

Muchas personas desconocen que padecen bruxismo porque este suele manifestarse mientras duermen. En numerosos casos, es la pareja o algún familiar quien percibe el rechinamiento de los dientes. Además, existen signos de alerta que pueden ayudar a identificar el problema, como despertar con sensación de cansancio en la mandíbula, dolor facial, cefaleas matutinas, rigidez muscular, sensibilidad dental sin causa aparente, fracturas o astillamiento de los dientes y desgaste visible en sus bordes.

Los síntomas más comunes incluyen desgaste progresivo de las piezas dentales, sensibilidad, dolor o fatiga en los músculos de la mandíbula, dolor de cabeza —especialmente al despertar—, chasquidos o molestias en la articulación temporomandibular (ATM), dolor en el cuello y los hombros, alteraciones del sueño y sensación constante de tensión facial. La intensidad de estos síntomas puede variar significativamente entre los pacientes.

“Cuando el bruxismo no es diagnosticado ni tratado oportunamente, puede provocar un deterioro progresivo de las estructuras dentales y articulares. Además de afectar la calidad de vida por el dolor y la incomodidad, puede generar daños irreversibles en los dientes, comprometer tratamientos odontológicos previos y ocasionar trastornos funcionales de la articulación temporomandibular. En algunos pacientes, la fuerza ejercida al apretar los dientes es tan intensa que puede provocar fracturas e incluso la pérdida de piezas dentales”, sostiene Gorayeb.

Entre los daños que puede ocasionar en la dentadura se encuentran el desgaste severo del esmalte, fracturas dentarias, fisuras, aumento de la sensibilidad e incluso la pérdida de estructura dental. En pacientes que cuentan con resinas, coronas, carillas o implantes, el bruxismo también puede provocar fracturas o fallas prematuras, reduciendo considerablemente la vida útil de estos tratamientos cuando la condición no es controlada.

Las personas sometidas a altos niveles de estrés, ansiedad o presión emocional presentan una mayor predisposición a desarrollar bruxismo. Asimismo, es más frecuente en individuos con trastornos del sueño, antecedentes familiares, ciertas enfermedades neurológicas o que consumen estimulantes de manera habitual. No obstante, puede presentarse en cualquier persona, independientemente de su edad o condición física.

La Dra. Gorayeb recalca que el bruxismo puede aparecer tanto en niños como en adultos. En la infancia suele observarse con relativa frecuencia durante determinadas etapas del crecimiento y, en muchos casos, puede disminuir espontáneamente con el paso del tiempo. Sin embargo, cuando es intenso o persistente, requiere una evaluación profesional. En los adultos, generalmente está más relacionado con factores emocionales, el estrés crónico y los trastornos del sueño.

“El bruxismo no debe considerarse únicamente un problema dental. Se trata de una condición que puede afectar la salud oral, muscular y articular del paciente, por lo que un diagnóstico precoz y un tratamiento multidisciplinario son fundamentales para preservar la función, la estética y la calidad de vida”, concluye la especialista.